La batalla de 'Georgiafornia'

En Georgia, estado al que han llegado cerca de 1 millón de inmigrantes hispanos desde 1990, se está incrementando el odio y violencia originados por la xenofobia

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Por primera vez desde la abolición del comercio de esclavos africanos, el sur experimentó la inmigración a gran escala de una población "no tradicional" en los años noventa.

Seis de los siete estados con las poblaciones hispanas de más rápido crecimiento en el paÍs de 1990 a 2000 se encontraban en el sur, incluyendo Georgia, donde el número de inmigrantes hispanos legales aumentó en 300%. Y los demógrafos calculan que el número total de inmigrantes hispanos, incluyendo aquéllos que no cuentan con documentos, es de 1.5 a 2 veces esa cifra.

Una estadÍstica reveladora: Los bebés hispanos representan ahora el 12,6% de todos los nacimientos en Georgia, donde el porcentaje oficial de hispanos era 5,3% en 2000.

El crecimiento se está acelerando. Durante los primeros años del nuevo milenio, la población de hispanos en Georgia creció de forma más rápida que en cualquier otro estado, y las cifras del censo de los EE.UU. indican que diariamente 102 hispanos se mudan a Georgia por la vÍa legal.

CANTON, GEORGIA. Una tarde frÍa de febrero pasado, Domingo Lopez Vargas decidió dar por terminado su dÍa laboral. Un diminuto hombre de 54 años con corte de cabello en forma de casco y un diente de oro que centellea cuando sonrÍe, Lopez habÍa abandonado su paupérrimo pueblo campesino en Guatemala 15 años atrás, decidido a ganar una cantidad de dinero decente para su esposa y sus nueve hijos.

Después de haber trabajado como recolector de naranjas en Tampa, Florida -- "¡demasiado calor!" dice Lopez -- a mediados de los años noventa se unió a una ola de inmigrantes que se dirigÍan a las colinas cubiertas de pinos y las desbordantes zonas exclusivas en las periferias del norte de Georgia. Lopez se estableció en Canton, un pueblo que solÍa dedicarse a la hilanderÍa del algodón, 35 millas al norte de Atlanta.

Con el auge de la construcción expandiéndose hacia el norte de Atlanta, el área se estaba convirtiendo rápidamente en uno de los destinos más populares -- y lucrativos– para los trabajadores inmigrantes en los Estados Unidos.

A diferencia de muchos de sus compadres, Lopez era legal, lo cual lo ayudaba a conseguir trabajos estables colocando puertas y ventanas. Sin embargo, en febrero pasado, se produjo una escasez de trabajo y Lopez se unió a los más de 100.000 jornaleros que esperan conseguir trabajos de jardinerÍa y construcción en las esquinas de las calles y frente a los establecimientos de 7-Eleven y otras tiendas en todo el norte de Georgia.

Generalmente, pasan por ahÍ numerosas camionetas ofreciendo entre US$8 y US$12 la hora por cavar, plantar, pintar o clavar. Pero hoy, nada. En las últimas horas de la tarde, Lopez ya estaba harto de esperar en el frÍo con sus compañeros en la calle Main Street. Se dio por vencido y caminó hacia McFarland's, una tienda de vÍveres ubicada en un concurrido centro comercial.

"Compré leche, champú y pasta dental", cuenta a través de un intérprete. "Cuando me estaba yendo de la tienda, esta camioneta se detuvo frente a mÍ y alguien me dijo en inglés, '¿Quieres trabajar?'". Lopez no ha aprendido mucho inglés en 15 años, pero comprendió lo que eso significaba. "Dije, 'SÍ, ¿cuánto?'. Me dijeron nueve dólares la hora. No pregunté sobre qué trataba el trabajo. Sólo querÍa trabajar, asÍ que acepté".

Hasta esa tarde, cuenta Lopez, "los estadounidenses siempre habÍan sido amables conmigo". Lo cual explica por qué no le preocupó que los individuos en la camioneta verde -- los cuatro -- parecÍan ser bastante jóvenes para ser contratistas. O por qué no se le ocurrió pensar dos veces antes de dejarse recoger por la camioneta casi al anochecer. "Acepté la oferta porque sé que algunas veces las personas no dejan de trabajar sino hasta las 9 de la noche", explica.

Los cuatro jóvenes individuos, todos estudiantes de la escuela secundaria Cherokee High School, condujeron a Lopez a un punto remoto cubierto de basura. "Me indicaron recoger algunas bolsas de plástico que estaban en el suelo. Pensé que ése era mi trabajo, recoger la basura. Pero cuando me incliné a recogerla, sentÍ que alguien me golpeó en la espalda desde atrás con un pedazo de madera".

Fue sólo el inicio de una golpiza de 30 minutos que dejó a Lopez contuso y sangrando desde las rodillas hasta el cuello.

"Pensé que me estaba muriendo", expresa. "Traté de pararme pero no pude. No podÍa entender lo que estaban diciendo". Finalmente, después de entregarles todo el dinero en efectivo que tenÍa en su billetera, US$260, junto con su colgante de la Virgen MarÍa, los adolescentes fugaron rápidamente.

Semillero de odio
Resultó que Lopez habÍa sido sólo la vÍctima más reciente de una serie de robos y asaltos a jornaleros hispanos en la ciudad de Canton. Se informó del primer caso el 15 de noviembre de 2003, cuando Elias TÍu, un inmigrante de 22 años, fue asaltado, robado y golpeado cerca de las antiguas hilanderÍas de algodón en el centro de Canton.

El caso más reciente se habÍa reportado sólo un dÍa antes de que Lopez ingresara al hospital, cuando tres adolescentes le ofrecieron trabajo a Carlos Perez de 22 años; entre este grupo de adolescentes se encontraban dos de los acusados de asaltar a Lopez.

Los sucesos se dieron más o menos del mismo modo: condujeron a Perez a una casa abandonada, lo apuñaron y golpearon repetidas veces con un tubo de metal. Él les arrojó su billetera durante la golpiza; ellos sacaron sus US$300 en efectivo y se la regresaron vacÍa.

Después de que los informes sobre los asaltos a Lopez y Perez llegaron a las noticias, fue sólo una cuestión de dÍas hasta que se arrestara a siete estudiantes de la escuela secundaria Cherokee High School. "Al menos uno de ellos andaba por la escuela alardeando acerca de los robos y las golpizas propinadas a mejicanos", expresa el jefe adjunto de la policÍa de Canton, Jeff Lance.

"Estaban buscando una presa fácil".

La policÍa no puede determinar cuántas "presas fáciles" encontraron los estudiantes de Cherokee entre noviembre y febrero. Según Lance, "un número" de jornaleros reportó robos y asaltos similares -- realmente inusual, indica, porque los inmigrantes generalmente "no quieren tratar con nosotros".

TÍu fue la única vÍctima previa que los detectives pudieron ubicar. "Tienden a mudarse de una casa a otra", señala Lance, "por eso es difÍcil hallar a las vÍctimas".

Tres casos resueltos fueron suficientes para causar un impacto en todo el condado de Cherokee. Es cierto, como la mayorÍa de lugares en la parte norte de Georgia, Cherokee no puede ser más conservador.

Es lo suficientemente conservador como para que ningún demócrata en todo el condado se lanzara como candidato para las elecciones de este año. Lo suficientemente conservador como para que recientemente se exhibiera una copia en papel de los Diez Mandamientos en el segundo piso del Centro de Justicia de Cherokee en Canton.

Lo suficientemente conservador como para que en 2002, cuando el director de la escuela secundaria Cherokee High School, Bill Sebring, prohibió el uso de camisetas con imágenes de la bandera de la Confederación después de la queja presentada por los estudiantes negros, 150 estudiantes blancos asistieran al dÍa siguiente vistiendo desafiantes camisas y gorros de Dixie Outfitters con banderas de la Confederación alentados por manifestantes adultos del grupo Sons of Confederate Veterans (Hijos de los Veteranos de la Confederación) y otros grupos de "herencia".

¿Pero crÍmenes motivados por el odio? Ésa es otra historia.

"Simplemente abrumó a todo el mundo", expresa Lance. "¿Los buenos muchachos de la escuela secundaria Cherokee High School procediendo de esta manera?" No queda claro si estos "buenos muchachos" estuvieron involucrados en las protestas con la bandera de la Confederación, evento que forzó el cierre de la escuela secundaria por todo un dÍa. (El director Sebring se negó a dar entrevistas para este artÍculo.)

Pero uno de aquellos acusados de robo a mano armada, asalto agravado y secuestro era Ben Cagle de 18 años, heredero de una de las familias más poderosas del condado; sus abuelos fundaron el Partido Republicano de Cherokee, que tiene tanto dominio sobre la escena polÍtica local que ningún demócrata en el condado se lanzó como candidato en las elecciones de este año. Cagle era presidente del Club de agricultura de la escuela secundaria Cherokee High.

Devin Wheeling de dieciocho años, el único adolescente acusado en los tres incidentes, era cadete del Cuerpo Juvenil de Adiestramiento de Oficiales de la Reserva (Junior Reserve Officer Training Corps, JROTC). Otro de los supuestos autores era un explorador con aspiraciones a convertirse en bombero. Ellos se conocÍan desde la escuela intermedia, jugaban béisbol en el programa Dizzy Dean Baseball e iban a la iglesia juntos.

Por supuesto, nadie estuvo más abrumado que Lopez. Sus lesiones no le permitieron trabajar durante cuatro meses, y le dejaron cuentas médicas de más de US$4.500. Algunas veces, aún trata de entender los motivos de sus atacantes.

"Eran jóvenes", especula, "y quizá no recibieron suficiente educación". O quizá sus familias están conformadas por asesinos quienes les enseñaron a matar gente, y eso es lo que han aprendido".

O tal vez crecieron en el semillero de odio anti-inmigrantes más reciente de los Estados Unidos.