Confrontación en Arizona

Armas de fuego de gran potencia, maniobras de milicias y racismo en el proyecto Minuteman

En un refugio albergado en una iglesia católica en Agua Prieta, México, posibles inmigrantes a los Estados Unidos hablan sobre el proyecto Minuteman, del cual saben por los volantes de '¡Peligro!' que el gobierno hizo circular.
(especial)

Ametralladoras y Campos minados
Richard Hodges, residente del Condado de Cochise de toda la vida, vive con su esposa en una hacienda cerca del Camino Fronterizo, del lado que da a Naco, en la misma casa que construyó su bisabuelo en 1897. Sentía curiosidad por el proyecto Minuteman y recorrió el Camino Fronterizo de un extremo al otro junto con otros residentes locales, tomando fotos y conversando con los vigilantes.

"Algunos de ellos parecen correctos, les doy mérito por ser consecuentes con lo que dicen y hacer lo que piensan, y por atraer bastante atención sobre el problema de la inmigración ilegal. Pero muchos de ellos son demasiado extremistas, demasiado racistas para mi gusto", afirmó Hodges. "Me hablaban como si fueran de la supremacía blanca o algo por el estilo, y suponían que también yo debía serlo sólo por vivir aquí y tener que tratar con todos los ilegales. Pero no me gusta esa clase de actitud. No es la mentalidad adecuada que la gente necesita tener aquí. Esa forma de pensar debería haber muerto con Hitler."

Hodges dijo que cuando era niño, el mexicano promedio no tenía motivos para escabullirse en los Estados Unidos.

"Todo estaba bastante bien en México, de modo que cuando mi papá encontraba a un mexicano en su propiedad, obviamente le apuntaba con un arma, pero no porque no le gustaran los mexicanos, sino porque sabía que ese mexicano probablemente estaba huyendo, pues los delincuentes escapaban a los Estados Unidos, del mismo modo que nuestros delincuentes escapaban a México. Mi padre solía obligarlos a quitarse los pantalones y les daba a elegir: volver a México sin sus pantalones, o esperar al alguacil", relató Hodges.

Las cosas ahora son diferentes.

"Encuentro ilegales en mi propiedad todo el tiempo, pero no les apunto con un arma. Se puede saber con sólo mirarlos que no son una amenaza. No me asustan. No quieren atacarme. Sólo quieren seguir su camino. A veces llamo a la Patrulla Fronteriza, si son un grupo muy grande. Otras veces me digo: "¡Qué diablos!" y los dejo tranquilos. No me preocupa que algunos vengan en busca de asistencia social gratuita, y estoy seguro que algunos deben de ser delincuentes, pero hablo mucho con ellos, y le diré que la mayoría viene a trabajar. Así de simple".

El problema de la inmigración no se puede resolver en los Estados Unidos, aseguró Hodges. Sólo puede ser resuelto en México.

"Estuve en la Fuerza Aérea y vi cómo lo hicieron los soviéticos. Claro que podemos levantar un muro, colocar torres con ametralladoras y crear una tierra de nadie con campos minados. Podemos comenzar a ametrallar personas y hacerlas volar en pedazos. Así podríamos frenarlos por un tiempo, pero eso no los detendrá mientras permitamos que el gobierno mexicano siga tratando tan mal a estas personas. Podemos poner a los Marines en la frontera, construir todos los muros y convocar todos los proyectos Minuteman que queramos. No se van a detener. Hay millones y millones y millones de personas pobres y desesperadas en México, y el hambre es una poderosa fuerza motivadora".

Pero no importa cuán desesperados estuvieran, era difícil imaginar que alguien, excepto los inmigrantes indocumentados más temerarios, intentara cruzar hacia los Estados Unidos por esa milla del Camino Fronterizo vigilada por el proyecto Minuteman, menos cuando era tan fácil recorrer una milla más en cualquier dirección y evitar la zona de los vigilantes, una zona que hervía de actividad fácilmente detectable a la distancia.

El bloqueo de los vigilantes se vio incrementado por una procesión constante de agentes de la Patrulla Fronteriza de los Estados Unidos, alguaciles del sheriff del Condado de Cochise, residentes locales curiosos como Hodges, y los omnipresentes medios de comunicación. Además, cuando posaban ante las cámaras, mirando con dramatismo hacia el desierto absolutamente vacío a través de sus binoculares y telescopios de localización, los voluntarios del proyecto Minuteman se vieron, ellos mismo, permanentemente vigilados por grupos deambulantes de observadores legales de la Unión Estadounidense de Libertades Civiles, a quienes los voluntarios de Minuteman catalogaban en sus radios como "traidores", "Jane Fondas" y "judíos de la Unión de Libertades Civiles".

Los voluntarios de Minuteman se mantenían impávidos ante la mayoría de periodistas y camarógrafos que recorrían el Camino Fronterizo, en busca de entrevistas y filmaciones. Pero los vigilantes aclamaron la llegada del equipo del canal de noticias Fox News ("Son nuestra gente", afirmó Michael) y del presentador de CNN Lou Dobbs, partidario de la anti-inmigración, cuya cobertura del proyecto Minuteman fue especialmente dócil.

Gilchrist y Simcox tenían dificultades en compartir el centro de atención. Resultó que el Condado de Cochise no era suficientemente grande para albergar ambos egos.

Cuando Simcox observó a Gilchrist rodeado de periodistas, se dijo a sí mismo pero en voz alta: "Allá va Gilchrist, haciéndose cargo otra vez".

Simcox se dirigió a un grupo de voluntarios y dijo: "Oigan, necesito que todos entiendan que si bien la gente de California hizo un buen trabajo en traerlos aquí, ahora que están aquí yo soy quien manda, porque este es territorio de la Defensa Civil de la Patria. Entienden, ¿verdad? Gracias."

De los dos, Gilchrist resultó el más trillado por los medios.

En la tarde del 2 de abril, un director de documentales colocó a Gilchrist frente a Johnny, Michael y Carl, haciéndolos posar uno junto al otro delante del alambrado fronterizo, con sus espaldas hacia el "nido de francotiradores" que tanto habían temido descuidar unas cuantas horas antes.

"No somos racistas", decía Gilchrist a la cámara. "No apoyamos el racismo y no somos un grupo de odio. Les hemos dicho a los miembros de la supremacía blanca que no son bienvenidos aquí, y los hemos mantenido fuera. Los únicos miembros de grupos de odio aquí son los pertenecientes a la Unión Estadounidense de Libertades Civiles (American Civil Liberties Union, ACLU)".

Johnny y Michael lucían sus caras de póquer.

"Los de la ACLU no son diferentes que los de la supremacía blanca", aseguró Gilchrist. "Son un peligro real y evidente. Tienen la misma mentalidad que quienes asesinaron a Martin Luther King, y buscan asesinarnos. Literalmente, la ACLU quiere matarnos con la excusa de que somos violentos. Hemos sido vilipendiados y castigados como monstruos macabros, como máquinas de guerra asesinas de niños y portadoras de armas.

"No estamos a favor de la violencia, y no odiamos a los inmigrantes. No tenemos problemas con los mexicanos. Si vienen al país legalmente, los queremos aquí. Queremos que los Estados Unidos sea un crisol de distintas clases de personas, donde cada raza, color y credo se mezclen".

Los dos neonazis se irritaron. ¿Crisol de distintas clases de personas? ¿Hablaba en serio?

"Somos una manifestación pacífica. Hacemos esto de manera pacífica, como nuestros padres de la patria hubieran querido. No necesitamos bates de béisbol, palancas, pistolas, lanzallamas ni aplanadoras para expulsar a la gente y arrasar poblados. Podemos hacer esto pacíficamente, del mismo modo que Martin Luther King buscaba justicia para los negros estadounidenses. Somos seguidores de Gandhi y Martin Luther King...".

"Fin de la entrevista", dijo Johnny.

él y Michael se alejaron abruptamente.

Una vez que estuvieron lejos para que no los oyeran, Johnny se refirió a King como "un gorila de espalda plateada de Alabama" e imitó los ruidos de un gorila. Michael dijo: "Espero que [Gilchrist] no crea esa basura. Entiendo que debía ser políticamente correcto para los medios, pero vamos... Gandhi no usaba armas. Estamos en una guerra racial, no en una marcha pacifista."

"¡Evítelos!"
A mediados de abril, el proyecto Minuteman anunció la victoria total.

"Ciudadanos en sillas de jardín, armados únicamente con teléfonos celulares y binoculares, cerraron una extensión de 25 millas de frontera", se ufanó Simcox en una conferencia de prensa llevada a cabo en el complejo del Miracle Valley Bible College. Hemos demostrado a nuestro gobierno que puede hacerse".

En realidad, los ciudadanos estaban armados con mucho más que teléfonos celulares y binoculares, y estuvieron recorriendo como máximo dos millas de la frontera, dos millas que ni siquiera eran continuas.

Como prueba de su éxito, Gilchrist y Simcox pregonaron una contundente estadística: el número de arrestos de presuntos inmigrantes ilegales por parte de la Patrulla Fronteriza en la zona donde se desarrolló el proyecto Minuteman cayó en casi 90% durante el mes de abril, comparado con los años anteriores.

Pero los funcionarios gubernamentales de ambos lados de la frontera afirmaron que eso se debió a que el gobierno mexicano hizo un enorme esfuerzo para advertir a los inmigrantes que querían cruzar la frontera acerca del proyecto Minuteman, y miles de inmigrantes caminaron un poco más para evitar a los vigilantes o simplemente se ocultaron en la ciudad fronteriza de Agua Prieta en México, donde esperaron a que los vigilantes se fueran a casa a fines de abril.

El gobernador del estado fronterizo mexicano de Sonora, Eduardo Bours Castelo, ordenó que 44 miembros de la Policía Estatal Preventiva de Sonora patrullen un enorme rancho de ganado frente al sector de Minuteman del Camino Fronterizo, con el fin de interceptar a los migrantes incautos antes de que llegaran a los puestos de los vigilantes.

El organismo de patrullaje fronterizo federal mexicano, Grupo Beta, designado para proteger a los inmigrantes de los bandidos y para buscar a los que hayan sucumbido por el sol abrasador, también reforzaron sus filas.

"Estamos tratando de asustarlos. Les decimos que los del proyecto Minuteman pueden dispararles", dijo Enrique Palafox, comandante del Grupo Beta en Agua Prieta. Tanto las patrullas federales como las estatales informaron a los inmigrantes de las ubicaciones de los puestos de vigilancia del proyecto Minuteman, y les ofrecieron llevarlos de regreso a Agua Prieta para que pudieran esperar hasta que los vigilantes se fueran o, por lo menos, reabastecerse de agua y comida antes de partir otra vez en busca de una ruta alternativa.

Durante todo el mes de abril, en las calles de Agua Prieta se exhibían folletos en papel rojo brillante que advertían en español: "¡Peligro! En publicaciones de los Estados Unidos y México se informa que, durante el mes de abril, cientos de vigilantes de los Estados Unidos formarán patrullas a lo largo de la frontera, desde Agua Prieta hasta Naco. Es posible que estas personas porten armas. No forman parte de la Patrulla Fronteriza ni del gobierno de los Estados Unidos. ¡Evítelos! ¡Son peligrosos!"

Una noche, durante la segunda semana del proyecto Minuteman, en el Centro de Atención al Migrante Exodus (CAME), un refugio temporal para inmigrantes alojado dentro de una iglesia católica a un par de millas de la frontera en Agua Prieta, un grupo de nueve hombres con edades bordeando los veinte años, procedentes de Veracruz, estaban reunidos alrededor de una larga mesa, devorando con avidez sopa y tortillas. Dijeron que estaban decididos a entrar a los Estados Unidos para poder ganar 50 dólares por día como jornaleros, en lugar de los 50 pesos (alrededor de 5 dólares) que ganaban por 10 horas de cortar caña de azúcar en casa.

"No voy a los Estados Unidos para robar a nadie", aseguró el aparente líder del grupo, un joven granjero de 20 años, llamado Luis. "Si quisiera robar para vivir, puedo hacerlo en México. Por favor, díganle a los hombres de Minuteman que no quiero pelear."

Hacia el final del proyecto Minuteman, sus organizadores manifestaron haber colaborado en la captura de 336 inmigrantes indocumentados, procedentes de México y de Centroamérica. Además de los puestos a lo largo del Camino Fronterizo, el proyecto Minuteman estableció una cadena de campamentos 40 millas al este del Camino Fronterizo y 35 millas al norte de la frontera. Allí, los voluntarios vigilaban una serie de vados secos y alcantarillas cerca de la carretera, que sirven como "lugares de espera" donde los exhaustos inmigrantes se detienen para dormir y esperar a que alguien les ofrezca un aventón, luego de recorrer a pie las montañas y atravesar el desierto durante dos o tres días.

A juzgar por el tráfico de radio del proyecto Minuteman, los vigilantes que patrullaron los lugares de espera detuvieron a muchos más inmigrantes que aquéllos que se encontraban en el popular Camino Fronterizo, aunque la cifra total de 336 es imposible de verificar porque la Patrulla Fronteriza de los Estados Unidos no lleva un registro de la identidad o afiliación de los ciudadanos informantes.

Los funcionarios de la Patrulla Fronteriza afirmaron que los voluntarios de Minuteman eran más un estorbo que una ayuda, porque con frecuencia daban falsas alarmas y activaban los sensores terrestres.

"La Patrulla Fronteriza no los quería, mi comunidad no los quería allí, y yo no los quería allí", dijo el alcalde de Douglas, Ray Borane. "En lo único que tuvieron éxito fue en crear sentimientos hostiles y difundir un mensaje racista. La atención que recibieron por parte de los medios de comunicación fue totalmente desproporcionada con respecto a su impacto real. Los mexicanos tienen un dicho que creo es adecuado para calificar el proyecto Minuteman: 'Pura canción y ninguna ópera'".

Marrón y blanco
Chris Simcox saltó a escena en Lafayette Square, Washington, D.C. Con la Casa Blanca como fondo, sonrió de oreja a oreja y mostró a la multitud que lo aclamaba sus dos pulgares señalando hacia arriba.

Era la mañana del lunes 25 de abril. Faltaba menos de una semana para terminar el proyecto Minuteman, y Simcox había dejado a sus tropas en el campo -- para entonces los números habían disminuido a menos de 50 -- para ser recibido como campeón en la capital de la nación por el "ejército para la reforma inmigratoria" reunido allí para una semana de campañas y cabildeo denominada "Hold Their Feet to the Fire" ("Los haremos cumplir a la fuerza"), patrocinada por la Federación para la Reforma Inmigratoria en los Estados Unidos (Federation for American Immigration Reform, FAIR).

El Director Ejecutivo de FAIR, Dan Stein, había invitado a Simcox personalmente. "Para muchos estadounidenses, el proyecto Minuteman se parece más a Lexington y Concord", afirmó Stein. "Representa la escalada de acción necesaria para vencer la arrogancia y el desprecio de la codicia egoísta. A mi juicio, aquéllos que lo ven de otra manera se equivocan por completo."

Parado frente a una audiencia que lo adoraba, Simcox afirmó que el proyecto Minuteman de Arizona era sólo el comienzo. "éste ha sido un sueño hecho realidad para los ciudadanos", aseguró. "Hemos sido lo suficientemente valientes como para levantarnos y decirle al gobierno federal que no está asegurando nuestras fronteras. Pero nuestros esfuerzos continuarán en el futuro con una campaña multiestatal. ¡No cederemos!"

Simcox abandonó el escenario, mientras la multitud coreaba: "¡Gracias, Chris! ¡Gracias, Chris!"

Los voluntarios de Minuteman y los entusiastas de FAIR obtuvieron su inspiración de la misma caldera de encendido resentimiento. Están hartos de que se les consulte su preferencia de idioma en los operadores automáticos, de oír español en la radio, de verlo escrito en anuncios, y de luchar para que les entiendan los ayudantes de camarero y las mucamas de hotel que "hablan mexicano".

La noticia de que Los ángeles acababa de elegir a su primer alcalde latino en 100 años fue sólo otro mal augurio de que Estados Unidos está siendo en efecto conquistado, una tarjeta verde falsa y un trabajo de salario mínimo a la vez. No les interesa discutir sobre las complejidades de la economía global. No quieren oír sobre políticas de comercio internacional o migraciones económicas.

Ellos ven el mundo en marrón y negro.

"Gracias a la burda mala conducta de nuestro gobierno, los estadounidenses van a luchar por su nación en las calles de sus propias ciudades", escribió Glenn Spencer, un destacado activista anti-inmigración, voluntario del proyecto Minuteman y huésped de "Lou Dobbs Tonight" en repetidas ocasiones, en un ensayo del 2 de mayo publicado en su sitio web America Border Patrol (Patrulla Fronteriza de los Estados Unidos). "Muchos no sobrevivirán a este conflicto. Miles morirán."

Ya se han formado grupos que los imitan y ondean el estandarte de Minuteman, en California y Texas. Durante la misma semana que Simcox apareció en D.C., el gobernador de California Arnold Schwarzenegger alabó el proyecto Minuteman en un programa de radio, diciendo que recibiría con agrado a los vigilantes fronterizos en su estado.

"Creo que han hecho un trabajo excelente", afirmó. "Demuestra que funciona cuando se hace un esfuerzo, cuando se trabaja duro. Es algo que puede hacerse. Es una vergüenza que los ciudadanos particulares tengan que ir hacia allá y patrullar nuestras fronteras."

Gilchrist y Simcox anunciaron que estaban formando grupos disidentes de vigilantes por separado. En mayo, Simcox afirmó que "más de 15.000" personas ya se habían unido a su nueva organización, el Cuerpo de Defensa Civil Minuteman.

"Ahora estamos abocados a las tareas de reclutar, entrenar y desplegar a miles de ciudadanos estadounidenses hacia los cuatro estados sureños que limitan con México", dijo.

"Tenemos un mandato de los ciudadanos de los Estados Unidos que no sólo exigen mayor seguridad en la frontera, sino que ahora están dispuestos a participar ellos mismos en el aseguramiento de esas fronteras," expresó Simcox. "Tenemos la intención de cumplir la voluntad del pueblo."