OCEANSIDE, Calif. — El año pasado, durante Halloween, Jeff Schwilk convirtió el jardín del frente de su casa en "Casa La Migra", una representación bajo el nombre que se les da en español a las autoridades de inmigración de EE.UU. Para imitar la frontera de México-California, cercó su jardín con láminas de chapa corrugada, bordeadas de cable negro ondulado que simulaba ser el alambre de púas. Había espantapájaros montados a horcajadas sobre la cerca como saltando la frontera.

Vinieron miembros del grupo San Diego Minutemen, un grupo extremista y nativista fundado por Schwilk en 2005, vestidos con uniformes que imitaban a los que usa la Patrulla Fronteriza para saludar a los que recorrían las casas jugando al "trick-or-treat". Con un megáfono apodado el "Alien-ator" (o perseguidor de extranjeros, en español) gritaban: "Alto, la migra, la migra", un grito que se oía en todo el vecindario. En la cerca de chapa se leían las frases "La ACLU apesta" y "Enrique es Gay", un mensaje dirigido, sin dudas, a Enrique Morones, director de la organización humanitaria en defensa de los inmigrantes denominada Border Angels (ángeles fronterizos). "Descubrimos que nada asusta más a un extranjero ilegal (y a sus pequeños duendes) que una escenografía con una cerca que imita la frontera", se jactaba Schwilk en un mensaje enviado por correo electrónico posteriormente. "La mayoría de la gente (estadounidenses) pensó que nuestro tema fue muy divertido".

Sea Halloween o no, la organización San Diego Minutemen se divierte asustando a los inmigrantes a lo largo de todo el año. Los sábados por la mañana, cuando se dirigen a las gasolineras suburbanas donde los jornaleros inmigrantes buscan trabajo, crean escenografías que quedarían bien en un espectáculo denominado "Los nativistas se vuelven locos". Apodan a los inmigrantes "mojados" y "Julios". Usan aerosol paralizante para amenazar a los conductores que pasan y demuestran desacuerdo con lo que hacen. Apodan a los que emplean a los jornaleros "explotadores", y son famosos por colocar repentinamente luces amarillas intermitentes de policía sobre sus vehículos todo terreno y perseguir a los potenciales empleadores.

Cuando no están ocupados intimidando a los inmigrantes, salen al aire y por Internet para acusarlos, sin prueba alguna, de prostitución infantil y de practicar "rituales de santería vudú".

Para resumir, el grupo no sólo tiene como blanco a las políticas de inmigración con las que no está de acuerdo, sino que acosa y difama a hombres y mujeres.

Pero el grupo San Diego Minutemen (SDMM) no sólo tiene problemas con los inmigrantes. Hacia fines del invierno, la policía comenzó a investigar a miembros y partidarios del SDMM por una posible participación en un cruel ataque a una pequeña propiedad de la que los residentes de un campamento de inmigrantes local son dueños. Recientemente se denunció a otro miliciano por estar relacionado con un ataque a un grupo de inmigrantes y por falsificar un informe policial.

Además, el SDMM fue rechazado por los mismos grupos de los cuales tomó su nombre, el Minuteman Project (Proyecto miliciano) y el Minuteman Civil Defense Corps (Cuerpo miliciano de defensa civil, MCDC), porque incluso para estos grupos de línea dura, el SDMM es un poco demasiado. "No se atienen a nuestras reglas ni a nuestro procedimiento operativo estándar (SOP), por lo tanto no se los consideraría milicianos", expresó Carl Braun, líder del MCDC de California.

El grupo no se encuentra mucho mejor internamente. A principios de este año, dos directores del SDMM que habían estado involucrados sentimentalmente presentaron acciones legales uno contra el otro e intercambiaron insultos e incluso, dijo alguien, golpes físicos. Dos de sus voceros principales renunciaron. Uno de ellos posteriormente escribió un artículo en un periódico diciendo que Schwilk "tiene la habilidad de persuadir a las personas que, por naturaleza, son pacíficas, para que se vuelvan agresivas y vengativas, y cometan actos que normalmente ni siquiera considerarían".

El área de San Diego está familiarizada con el maltrato a los inmigrantes o incluso formas más extremas de nacionalismo: John Metzger, el hijo del líder de la asociación racista White Aryan Resistance que vive en la zona, hasta el día de hoy llama periódicamente a las estaciones de radio locales para recordar a los oyentes de la participación de su padre en una patrulla fronteriza denominada "Klan Border Patrol" en el año 1979. Pero esa iniciativa del Klan, y la mayoría de los ataques nativistas del pasado, empequeñecen si se comparan con el SDMM.

"He recorrido el estado a lo largo y a lo ancho", dice Claudia Smith, una activista que defiende a los inmigrantes desde hace mucho tiempo y que trabaja con la California Rural Legal Assistance Foundation (Fundación para la Asistencia Legal Rural de California). "Aquí hay cierta crudeza en cuanto al sentimiento antiinmigrante. Casi se puede saborear".

'Adelante, perra'
La escena se desarrolla un sábado de marzo por la mañana en Bonsall, Calif. Palmeras, colinas ondulantes, un McDonald's y una gasolinera Arco marcan el área donde un par de docenas de jornaleros esperan conseguir trabajo. Esto es muy común en los más o menos 40 sitios informales de trabajo a jornal distribuidos a lo largo del área metropolitana de San Diego. Pero en este día, ya llegó el circo del grupo San Diego Minutemen y un espectáculo secundario de observadores a favor de los inmigrantes. Las cámaras en mano favorecidas por ambos grupos ya están funcionando y los epítetos están listos.

Llega una pequeña camioneta negra. El conductor hace una señal y dos inmigrantes latinos rápidamente se suben a su cabina. Pero la camioneta no puede salir del lote antes de que un miliciano meta la parte superior del cuerpo por una ventanilla.

"Éste no es un centro de empleo legal. Haga lo que le conviene a su país", le advierte el miliciano al conductor, entregándole una lista de centros de empleo a jornal autorizados y un volante titulado "Detengamos al SPP", una referencia a un supuesto plan de gobierno secreto que apunta a destruir la soberanía estadounidense mediante la unión del país con Canadá y MÉxico para formar una federación al estilo de la Unión Europea.

Ese mismo día, en otro centro de empleo a jornal, hay un miliciano gritándoles a los inmigrantes. "Oigan, putas", grita el hombre, insultándolos antes de recordar que en el idioma español la desinencia de las palabras indica gÉnero, y luego comienza a llamarlos "putos". Esta palabra se traduce de mejor manera con el epíteto en inglÉs "faggot". Un conductor que se detuvo en la gasolinera Arco para llenar el tanque de combustible, se asoma por la ventanilla para regañar a Schwilk, el líder del SDMM. "Oye, Billy boy", comienza diciendo.

Furioso, Schwilk le exige al hombre que salga de su vehículo. Luego el jefe de la SDMM saca una lata de aerosol paralizante. "Adelante, perra", dice Schwilk. "Te estoy esperando". El hombre en cambio se va.

Parece ser que no se puede detener a un Jeff Schwilk enojado estos días. En otra ocasión, en el centro de empleo a jornal de Bonsall, el fundador del SDMM fue filmado colocando furioso una luz amarilla intermitente con imán sobre el techo de su vehículo todo terreno. Con la luz girando, salió corriendo, persiguiendo a alguien que acababa de emplear a un jornalero del lote. Pasó media hora antes de que Schwilk regresara a la gasolinera.

Un crimen en el Cañón
Se calcula que hay 270,000 inmigrantes indocumentados viviendo en el área metropolitana de San Diego y quizás otros 100,000 trabajadores indocumentados que cruzan la frontera desde MÉxico todos los años. Pero es probable que los milicianos del grupo San Diego Minutemen sean recordados por sus persistentes intentos de espantar a varios de cientos de inmigrantes que viven en una triste y pequeña villa de emergencia con viviendas hechas de lona plástica, un asentamiento de personas que no pueden vivir en ningún otro lado que no sea un cañón escabroso a 20 millas al norte de la ciudad.

El McGonigle Canyon está ubicado entre los barrios opulentos de Carmel Valley y Rancho Penasquitos. La mayor parte del cañón es de propiedad privada de varias compañías de construcción inmobiliaria y de intereses agrícolas. Durante dÉcadas, jornaleros de temporada provenientes de México construyeron en este lugar viviendas temporales, denominadas cartones, que se hacen de desechos de madera, lona alquitranada e incluso estacas de plantas de tomate y sofás desechados. Viven allí con el permiso de los propietarios privados. Hacia fines de la dÉcada de 1980, cuando había casi 10,000 inmigrantes acampando en el cañón, el área comenzó a conocerse como "la pequeña México". A lo largo de dos dÉcadas, el trabajador de salud Robert Baca dice que ha visto cómo ocasionalmente los campamentos han sufrido vandalismos por parte de adolescentes y cómo los inmigrantes son desalojados periódicamente debido a las crecientes construcciones inmobiliarias. Aparte de estos encuentros, dice Baca, los chequeos mÉdicos y las vacunas que se practicaban en su Clínica Móvil de North County eran algunas de las pocas interacciones que los inmigrantes de McGonigle tenían con gente de afuera.

Eso fue hasta que los milicianos del San Diego Minutemen comenzaron a presentarse en el cañón para filmar y acosar a los inmigrantes a lo largo de los dos últimos años. Luego las cosas comenzaron a empeorar seriamente.

El verano pasado, dice Baca, los miembros del SDMM iniciaron una contienda con los trabajadores de salud y los inmigrantes en la clínica móvil. "Vinieron y comenzar a gritarles a los trabajadores que usaban nuestros servicios. Formaron una fila para intimidarlos y evitar que se acerquen al camión", recordaba. "A la mayoría de los inmigrantes hay que convencerlos de que no se los va a maltratar o deportar por usar nuestros servicios".

Las cosas comenzaron a empeorar aún más. El otoño pasado, cientos de residentes locales se unieron a los milicianos, entre ellos algunos políticos del estado, para organizar una acampada con el fin de "recuperar el cañón". El evento fue organizado por Julie Adams, una residente local, y el conductor de la radio KFMB-AM, Rick Roberts, pero asistieron docenas de miembros del SDMM (tanto Adams como Roberts habían trabajado de cerca con el grupo). Roberts trajo cientos de camisetas a la acampada que decían "Soy un inmigrante ilegal": su plan era distribuirlas a los inmigrantes, la mayoría de los cuales no habla inglÉs, una idea que evidentemente le resultó muy divertida. Pero para cuando Adams, Roberts y los otros protestantes llegaron, la mayoría de los inmigrantes habían huido del cañón, alertados por advertencias de locutores de radios en español y otros partidarios de los jornaleros.

Éste fue el primer susto que se llevaron los inmigrantes de McGonigle Canyon.

Luego, el 27 de enero de este año, los hombres y mujeres que permanecían en la villa de emergencia de McGonigle regresaron luego de un día de trabajo para encontrarse con sus viviendas y escasas posesiones hechas trizas. A los pantalones les habían recortado los fondillos. A las camisas las habían cortado por la mitad. A las bolsas de dormir las habían cortado en tiras. Los techos de lona, que apenas los protegían de las lluvias del invierno, colgaban de los soportes hechos añicos. Roberto Peña, un inmigrante que vivía en el cañón, le dijo a la policía que regresó a su cabaña temprano esa tarde y que vio a un grupo de cuatro hombres y mujeres usando cuchillos para cortar los bienes de los inmigrantes mientras que una mujer alta y rubia los filmaba. Los hombres, le dijo a la policía, lo persiguieron con cuchillos. Peña se zambulló entre los arbustos. Permaneció allí, según la declaración de un policía, "viendo cómo el grupo destruía su propiedad cuando los oyó decir: 'Fuck Mexicans'(A la mierda con los mexicanos)".

Dos meses despuÉs, a fines de marzo, la policía allanó los hogares de Schwilk y Adams, buscando un video u otro tipo de evidencia. Pero anteriormente habían comenzado a investigar a autoridades del SDMM, concentrándose primero en Christie Czajkowski, quien se había autoproclamado la "Mamá miliciana" del SDMM.