Confrontación en Arizona

Armas de fuego de gran potencia, maniobras de milicias y racismo en el proyecto Minuteman

CONDADO DE COCHISE, Arizona. -- Las ciudades predominantemente hispanas de Douglas y Naco están conectadas por el acertadamente denominado Border Road (Camino Fronterizo), un tramo de 20 millas de tierra rocosa, que corre paralelo a un astroso alambrado de púas que separa a México de los Estados Unidos.

En la noche del 3 de abril, vigilantes armados acamparon a lo largo del Camino Fronterizo en una serie de puestos de vigilancia montados para el proyecto Minuteman, una acción de un mes de duración en la cual grupos rotativos de 150 a 200 militantes anti-inmigración se movilizaron en el sureste de Arizona, portando insignias de plástico baratas con la inscripción "Agente de patrullaje fronterizo de indocumentados". Su objetivo declarado era "hacer el trabajo que nuestro gobierno se niega a hacer" y "proteger a los Estados Unidos" de las "decenas de millones de extranjeros ilegales que nos invaden y están devorando y saqueando a nuestra nación".

En la Estación Dos, los voluntarios de Minuteman asaban salchichas alemanas y fantaseaban sobre cometer asesinatos.

"Debería ser legal matar ilegales", afirmó Carl de 69 años, un veterano jubilado de las Fuerzas Especiales que luchó en Vietnam y ahora vive en el Oeste. "Simplemente dispararles cuando estén en la mira. Es mi recomendación sobre política inmigratoria. Entras en mi país y mueres."

Carl estaba armado con un revólver adaptado para disparar cartuchos de escopeta. Llevaba el cañón de mano en una funda debajo de una camisa con la inscripción "Chicos malos estadounidenses" en rojo, blanco y azul. Entre los otros vigilantes asignados a la Estación Dos había un par de miembros autodeclarados de la Alianza Nacional, una violenta organización neonazi. Estos hombres, que se identificaron únicamente como Johnny y Michael, vestían enteramente de camuflaje y llevaban pistolas semiautomáticas aseguradas al cuerpo con correas.

Más temprano ese mismo día, Johnny y Michael habían explorado las colinas ondulantes y salpicadas de cactus al norte del Camino Fronterizo para ubicar posiciones para francotiradores, tomando marcaciones de brújula y trazando mapas para referencia futura.

"Estoy completamente de acuerdo", dijo Michael. "Subes allí con un rifle y empiezas por disparar a cuatro o cinco por semana; los otros cuatro mil o cinco mil que vienen tras ellos lo pensarán dos veces antes de cruzar esa línea".

Sosteniendo una salchicha asada en una mano y un visor nocturno barato en la otra, Johnny escudriñaba la maleza del lado mexicano, a muy corta distancia de él.

"Lo que hay que hacer es tirar los cuerpos a unos cuantos metros dentro de los Estados Unidos y dejarlos allí, con luces sobre ellos por las noches", propuso. "Es un mensaje de 'Prohibido el paso' en cualquier idioma."

La conversación se interrumpió justo antes de proponer la decapitación de los mexicanos para colocar sus cabezas en picas, con los rostros mirando al sur.

"No me gusta la violencia, pero si comenzamos a hacer lo que dices, demostraríamos que esta vez sí hablamos en serio", aseguró la única mujer del grupo y la única persona que no portaba armas. "El mensaje sería: '¡Estos son los Estados Unidos de América, no se metan con nosotros!"

La mujer, que decía pertenecer a un grupo anti-inmigración de Pensilvania, había enfurecido a Johnny y Michael esa tarde cuando se presentó con un pendiente de estrella de David colgando debajo del escote de su camiseta con la inscripción "Sobreviví al proyecto Minuteman". También discutió con ellos sobre la moralidad de las peleas de pit bulls y manifestó su creencia en los derechos de los animales y en los refugios para salvar a perros y gatos de la muerte. Comenzaron a llamarla "perra judía" a sus espaldas.

Ella se ganó nuevamente la aprobación de sus compañeros al condonar el placer de matar.

"Maldición, pensé que eras uno de ellos", dijo Michael.

"¿Uno de quiénes?", preguntó la mujer.

"Ya sabes, derechos de los animales, pacifismo, salven a los gatitos y toda esa basura".

"Es posible que suene extraño, pero es sólo que tengo más respeto por las vidas de los perros y gatos callejeros que por los extranjeros ilegales."

"No es extraño en absoluto", respondió Michael. "Para nada".

Jugando a los soldados
Las milicias de los vigilantes han estado capturando, golpeando con pistolas y, muy posiblemente, disparando a inmigrantes latinoamericanos en el Condado de Cochise desde fines de la década de 1990, cuando los cambios de políticas de control fronterizo en los Estados Unidos transformaron esa elevada región desértica en el punto principal de entrada de dos de las exportaciones más valiosas del mercado negro de México: drogas y personas.

Pero el proyecto Minuteman redobló la apuesta con una campaña de reclutamiento nacional muy promocionada, seguida por una campaña de manipulación engañosa de los medios de comunicación. Estas maniobras generaron una masiva cobertura a nivel nacional, positiva en la mayoría de los casos, de lo que en realidad era poco más que una reunión relativamente pequeña e inútil de fanáticos intolerantes y "guerreros de fin de semana", liderados por un par de personajes que se disputaban la atención de los medios. Mientras jugaban a los soldados en el desierto durante unas cuantas semanas, el despliegue publicitario transformó a esta rudimentaria banda en la vanguardia de elite del movimiento anti-inmigración de los Estados Unidos.

El proyecto Minuteman fue un producto engendrado por las mentes de dos personas: Jim Gilchrist, contador jubilado y veterano de Vietnam, oriundo del Condado de Orange, California; y Chris Simcox, ex-maestro de jardín de infantes en una escuela privada de Brentwood, California, quien abandonó su trabajo y su familia para mudarse a Tombstone, Arizona, y caracterizarse como un abierto militante anti-inmigración luego de los ataques terroristas del 11 de setiembre.

Antes de que comenzara el proyecto Minuteman, Gilchrist y Simcox aseguraron en repetidas ocasiones haber reclutado a más de 1300 voluntarios. Pero cuando pusieron en marcha su plan en Tombstone el 1 de abril, Día de los Inocentes, en realidad se presentaron menos de 150 voluntarios que fueron claramente superados en número en las calles de escenografía de película del Lejano Oeste por un enjambre de periodistas, fotógrafos, camarógrafos, manifestantes anti-Minuteman, observadores legales de la American Civil Liberties Union (Unión Estadounidense de Libertades Civiles) y actores disfrazados para espectáculos de tiroteo.

En general, los enrolados en el proyecto Minuteman eran casi todos blancos. No era de extrañarse, excepto que Gilchrist y Simcox también habían afirmado antes del 1 de abril que el 40% de sus voluntarios estaría constituido por minorías. éstas incluían, según su sitio web, "afro-americanos", "mexicano-americanos", "armenio-americanos", cuatro parapléjicos y seis personas con miembros amputados.

California y Arizona eran los estados con mayor cantidad de representantes entre los enrolados en Minuteman, pero los voluntarios provenían de todo el país. Muchos, si no la mayoría, eran mayores de 50 años, con un alto porcentaje de militares jubilados, oficiales de policía y guardias de prisión. Las mujeres constituían casi un tercio de los voluntarios, que incluía un grupo de mujeres de cabellos blancos oriundas del Condado de Orange, California, que vendían productos de fabricación casera con propaganda del proyecto Minuteman, como camisetas con la inscripción "¿Qué parte de 'ilegal' no entienden?" y las insignias rápidamente omnipresentes "Agente de patrullaje fronterizo de indocumentados" que, cual un oxímoron, presentaban falsificaciones a color del sello oficial del Departamento de Seguridad Nacional.

El orador que pronunció el discurso que expresaba las ideas del grupo en la reunión inaugural del proyecto Minuteman fue Tom Tancredo, el congresista republicano por Colorado que preside el Cónclave del Congreso para la Reforma Inmigratoria (Congressional Immigration Reform Caucus).

Tancredo se dirigió a una audiencia de casi 100 personas dentro del Schieffelin Hall, un auditorio cerca del OK Corral. Fuera del salón, una falange de Arizona Rangers (organismo estatal de policía) estaba ubicada entre la entrada del salón y casi 40 manifestantes anti-Minuteman que golpeaban cacerolas y tambores. Mientras, los artistas de un grupo de danza tradicional azteca, vestidos con vibrantes atuendos, saltaban y se contoneaban al compás de un ritmo cacofónico.

A fines de marzo, el presidente Bush había condenado el proyecto Minuteman en una conferencia de prensa conjunta con el presidente de México, Vicente Fox. "Estoy en contra de los vigilantes de los Estados Unidos de América", afirmó Bush. "Estoy a favor de hacer cumplir la ley de una manera racional."

Tancredo aseguró que se debería obligar a Bush a escribir cien veces sobre un pizarrón "Lamento haberlos llamado vigilantes", y que luego lo borre con la lengua.

"Ustedes no son vigilantes", bramó. "¡Son héroes!"

Tancredo dijo a los Minutemen que cada uno de ellos representaba a 100.000 estadounidenses que pensaban igual y que no tenían cómo hacer el viaje. Aplaudió a Gilchrist y Simcox por ser "dos buenos hombres que comprenden que no debemos renunciar nunca a nuestro derecho como ciudadanos de cumplir con el deber patriótico de defender nuestro país... y detener esta invasión nosotros mismos".