El turbulento pasado del líder de Minuteman

Ansias de poder
Nunca modesto y siempre masticando sonoramente un puro, Simcox es un ególatra implacable que se engrandece a sí mismo con el egocentrismo y la fiera convicción de quien antes era un don nadie que siempre vislumbró grandeza en su destino.

"Yo no elegí esta causa: la causa me eligió a mí", afirmó en su discurso ante "America First". "Pero ahora los Minutemen son una fuerza que se debe tomar en cuenta y seguiré liderando a estos orgullos y patriotas estadounidenses hasta que alcancemos la victoria total. No nos iremos de la frontera hasta que no nos releven las fuerzas armadas o la Guardia Nacional de los EE.UU. No cederemos".

A pesar de que su principal respaldo proviene de extremistas anti-inmigración, la influencia política de Simcox se extiende ahora mucho más allá de estos grupos marginales. Más de 20 congresistas de los EE.UU. asistieron a una concentración de los Minutemen organizada por Simcox en septiembre en Washington, D.C., y seis de estos políticos de hecho se suscribieron a su organización, se calzaron sus pistolas y participaron en patrullas de Minuteman en octubre, junto con Don Goldwater, candidato Republicano a gobernador de Arizona y sobrino del archiconservador y una vez candidato a presidente Barry Goldwater ("El extremismo en defensa de la libertad no es un crimen").

Ese mismo mes, Simcox se reunión con el Gobernador de California, Arnold Schwarzenegger, y con el Gobernador de Texas, Rick Perry. Ambos han avalado públicamente las patrullas Minuteman en sus estados.

"Agradezco el apoyo de nuestros funcionarios electos, pero hasta ahora nuestros políticos estatales y federales no se muestran dispuestos a hacer lo necesario para defender nuestras fronteras. Por eso debemos defenderlas nosotros mismos", señaló Simcox en "America First". "Quien entra ilegalmente en el país cuando el país está en guerra es un potencial enemigo del país, y se le debe tratar como corresponde".

Si bien se ha entrevistado a Simcox para cientos de artículos periodísticos y programas televisivos, poco se ha informado acerca de sus antecedentes, excepto que fue maestro de una escuela privada y que aduce haber sido productor de música hip hop y jugador de béisbol profesional reclutado por los Cincinnati Reds, aunque tuvo que dejar de jugar después de que se le extrajera parte de un pulmón quirúrgicamente.

En una entrevista tras otra, Simcox ha contado la misma historia acerca de su despertar político, que se produjo, según dice, durante un viaje de 40 días en el que acampó sin compañía en el Monumento Nacional Organ Pipe Cactus, en Arizona, en octubre de 2001. Ahí se encontró con pelotones de extranjeros ilegales y presenció cómo "cinco grupos paramilitares de traficantes de drogas ingresaban caravanas de vehículos directamente al país". Después de eso, según su relato, Simcox se mudó a Tombstone, Arizona y dedicó su vida a la seguridad nacional.

Amenazas, ira y paranoia
La verdad es bastante más compleja e inquietante. Las actas del tribunal obtenidas por Intelligence Project del Centro muestran que la segunda ex esposa de Simcox, Kim Dunbar, presentó una apelación de emergencia en septiembre de 2001 para obtener la custodia exclusiva de su hijo adolescente porque temía que Simcox hubiera sufrido una crisis mental y era peligroso.

Dunbar se negó a ser entrevistada para este artículo, pero sus declaraciones juradas hablan por sí mismas. En una de ellas, Dunbar atestiguó que a lo largo de los 10 años de matrimonio, Simcox se había mostrado proclive a súbitos y violentos estallidos de ira.

"Una vez tomó un cuchillo de la cocina y amenazó con matarse", sostuvo. "Cuando se enojaba, rompía muebles y ventanas de automóviles, golpeaba la cabeza una y otra vez contra la pared, y daba puñetazos a las cosas".

Dunbar dijo que cuando su hijo tenía 4 años, Simcox le pegó tan fuerte que le quedó una marca en el rostro durante dos días. En otra ocasión, según su testimonio, ella tomó a su pequeño hijo en brazos y saltó por una ventana porque Simcox les estaba lanzando muebles.

Después de esos episodios, señaló, Simcox se mostraba abatido. "Se quedaba mirando las paredes, murmurando para sí mismo". En sus declaraciones, Dunbar dijo que muchas veces presionó a Simcox para que buscara ayuda profesional e incluso trató de que lo internaran. Pero él se negaba persistentemente a recibir tratamiento.

"Finalmente", dijo, "lo único que podía hacer era pedir el divorcio".

Inicialmente, Simcox y Dunbar compartían la custodia de su hijo. No hubo ningún conflicto legal hasta poco después de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos, época en la que Dunbar repentinamente presentó una lluvia de apelaciones de emergencia.

"Si bien Chris siempre ha tendido a tener opiniones duras y una conducta irascible, este último episodio ha ido más allá", dijo al tribunal. "Estoy convencida de que ha sufrido algún tipo de lapso mental y ahora, más que nunca, temo que mi hijo esté al cuidado de Chris".

Dunbar se asustó después de que Simcox le dejara una serie de extraños mensajes de voz a partir de ese 13 de septiembre, en los que lanzó frenéticas diatribas acerca de la Constitución, el patriotismo y los inminentes ataques nucleares a Los Ángeles, y hablaba acerca de entrenar a su hijo de 15 años en el uso de armas de fuego.

"Empezaré por enseñarle el arte de protegerse con armas de fuego", dijo Simcox en un mensaje grabado que le dejó a Dunbar. "Compré otro revólver. Tengo más que sólo unas cuantas armas, y pienso enseñarle a mi hijo a usarlas". Simcox añadió, "Ya no confío en nadie en este país. Mi vida ha cambiado para siempre y si no lo entiendes, te han lavado el cerebro como a todo el mundo".

En conversaciones telefónicas con su hijo, que su ex mujer grabó y presentó ante el tribunal como prueba de la inestabilidad mental de Simcox, desafiaba al joven a "convertirse en hombre y en un verdadero estadounidense".

"Será mejor que dejes de jugar el béisbol, amigo, y será mejor que hagas algo en serio, porque la vida ya no será igual", vociferó Simcox. "Iré a la frontera con México y me inscribiré con el gobierno para la patrulla fronteriza, para proteger las fronteras del país que amo. Verás que hablo en serio".

El hijo de Simcox le preguntó qué le pasaría a su gato, Moe. "Moe quizá termine en la pila de muertos", le respondió Simcox.