Ataques Racistas en L.A.

Obedecieno ordenes de la Mafia Mexicana, miembros de pandillas de latinos del sur de California atemorizan y matan a personas de raza negra.
Avenidas anárquicas
A pesar de la muy publicitada actividad de las pandillas, Highland Park no es un gueto. Es una zona con colinas y viviendas históricas hermosas, donde los colores suaves de las casas victorianas estilo Reina Ana, completamente restauradas, compiten con los vibrantes murales de los mercados de alimentos cercanos por atraer la atención. "El Alisal", el famoso hogar de piedra de Charles Lummis, primer director de Los Angeles Times, está escondido justo a la vera de la Autopista Pasadena, en la Avenida 43.

Debido a que la Avenida 43 es una de las arterias principales de Highland Park, "43" es un símbolo para Avenues, conocida también como "Avenues 43". La pandilla se remonta por lo menos a los inicios de la Segunda Guerra Mundial, cuando Highland Park estaba habitada por una mezcla de inmigrantes europeos y latinos. Ahora, alrededor del 75% de los residentes de Highland Park son latinos. Sólo el 2% es negro. El resto está formado por blancos y asiáticos.

Hace tiempo que Highland tiene una reputación de problemas de pandillas, inmerecida segón los impulsores de la comunidad. En 1986 no fue de gran ayuda para ellos que uno de los más famosos residentes de Highland Park, el compositor Jackson Browne, lanzara la canción "Lawless Avenues", que se refiere a la pandilla multigeneracional del barrio: "Las vidas de padres e hijos se repiten/Y hay algo que los lanza/Hacia esas avenidas anárquicas".

Aunque los orígenes de Avenues se remontan a medio siglo atrás, sólo se hizo firme bajo el control de la Mafia Mexicana en la década de 1980. Como resultado, se volvió fundamentalmente racista. (La policía señala que, irónicamente, ahora los miembros de Avenues trafican marihuana para la Mafia Mexicana. En décadas anteriores los líderes de la pandilla menospreciaban esta actividad por considerarla una "cosa de negros").

De todos modos, por lo menos algunos de los relativamente pocos residentes negros de Highland Park que han vivido en la zona durante más de una década no manifiestan el mismo nivel de temor que otros. "Queremos a nuestros vecinos. Nos gusta vivir en Highland Park", asegura Vernita Strange, quien se mudó a Highland Park con su esposo Al a mediados de la década de 1970. "Nos han tratado con afecto. Hemos vivido aquí treinta años, y es todo lo que puedo decir".

Pero la afroamericana Angel Brown no experimentó la misma clase de buena vecindad cuando ella y su hijo adolescente Christopher Bowser se mudaron a Highland Park en 1998, en gran medida para alejarse de las pandillas de negros de la zona de Hoover Street, donde creció el joven. Allí fue alcanzado en la pierna por una bala disparada desde un vehículo en marcha, y golpeado y acosado por la pandilla Hoover Crips para forzarlo a unirse a ellos. "Supo desde el principio que eso [peleas de pandillas] no era lo que él quería", dice Brown.

Los dos esperaban dejar atrás el problema de las pandillas, pero poco después de reubicarse en Highland Park, Avenues eligió a Bowser como objetivo. "Mi hijo tuvo problemas porque es un joven de raza negra. Los Avenues le decían "negro" y cosas por el estilo y lo perseguían", relata Brown. "Él no molestaba a nadie, lo ónico que hacía era caminar por ahí con su radio, cantando y rapeando. "Ellos no lo querían en su territorio".

Jesse Díaz, ex miembro de Avenues, testificó en el juicio federal por delitos de odio contra sus ex compañeros de pandilla y confirmó que el grupo de latinos estaba enfurecido por la manera en que Bowser bailaba en la calle, con la mósica de rap a todo volumen.

Se comportaba "como si fuese su barrio", testificó Díaz.

Prejuicio asesino
Hasta que se llevó a cabo el juicio contra los asesinos de Anthony Prudhomme, su madre Louisa y su padrastro Lavalle nunca pensaron que el crimen tenía motivos raciales. "Recién cuando asistimos al juicio empezamos a entender en realidad que ese [la raza] era el motivo y me parece totalmente estópido, por no encontrar una palabra más adecuada", dijo él.

A partir del juicio Louisa está obsesionada con la pandilla Avenues. Conduce habitualmente por Highland Park, buscando señales de la pandilla, hablando con todo aquel que desee hablar. Tiene los nómeros de detectives de homicidios, abogados y asistentes de seguimiento de personas con libertad condicional en el marcado rápido de su celular. Ha efectuado numerosas visitas a los lugares donde asesinaron a su hijo y dispararon contra Bowser y Wilson. Ha colocado avisos de recompensa en todo el barrio, usualmente cerca de los graffiti de la pandilla Avenues, porque cree que el miembro de la pandilla que apretó el gatillo y asesinó a su hijo aón está libre.

A diferencia de las madres de otras víctimas, como Bowser y Wilson, Louisa Prudhomme se siente relativamente segura en las calles reivindicadas por Avenues. Se debe a que ella es blanca. Su hijo Anthony tenía el cabello largo y ondulado y tez oscura. "A medida que crecía la gente pensaba que podría haber sido de otra raza y no negro", dice su padrastro Lavalle. "Pero podían adivinar por su forma de vestir que se inclinaba hacia su costado afroamericano".

Es posible que esa preferencia le haya costado la vida y ese hecho enfurece a su madre. "Una amiga me preguntó si ahora odio a los mexicanos", relata Louisa. "Y le respondí: 'Odio a los asesinos'. Tengo prejuicios... contra los asesinos".

En octubre pasado, una tarde que conducía por Highland Park, Louisa se dirigió por la Avenida 43 hacia el Centro Comunitario de Montecito Heights, un conocido lugar de reunión de Avenues. Se detuvo junto a un hombre que cargaba cortadoras de césped dentro de un enorme cobertizo. El hombre tomó la puerta izquierda, que estaba decorada con un enorme "4" pintado en aerosol, y la unió a la puerta derecha, que tenía pintado el correspondiente "3". Al cerrar las puertas, formaban el emblema de Avenues: "43".

Louisa preguntó al hombre, que era latino, si hablaba inglés. Respondió afirmativamente y conversaron unos cinco minutos sobre la infame "Avenues 43" y las pintadas que dejan en toda la zona al cuidado del jardinero. Louisa se alejó de él, riendo, y se volvió para decir: "Espero que los atrapen a todos. Queremos a todos fuera de las calles".

Pero con la sombra de la Mafia Mexicana cerniéndose sobre Los Ángeles, es posible que pase mucho tiempo antes que el nómero creciente de calles reivindicadas por las pandillas de latinos sean seguras para los negros, si es que alguna vez llegan a serlo.

"No se trata sólo de Highland Park. Casi en cualquier lugar de Los Ángeles podría encontrarse en dificultades [si es negro]", asegura Lewis, el asistente de seguimiento de personas con libertad condicional del LAPD. "Hay luz verde para atacar a todos los negros, no importa dónde se encuentren".