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Aferrándose a una esperanza ‘invisible’

Detention Center

Pine Prairie, LA

Detention Status

In Custody

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Después de que Raúl se negó a unirse al ejército cubano y alzarse en armas contra civiles, la policía lo arrastró del campo de fútbol y lo llevó a la cárcel, donde lo amenazaron y lo atacaron brutalmente. Con tan solo 19 años, él sintió que no tenía otra opción más que dejar atrás la dictadura opresiva de su país de origen. Llegó a los EEUU con la esperanza de ser tratado de manera más justa.

En Cuba, Raúl jugaba fútbol en una liga juvenil competitiva. Sus compañeros de equipo estaban impresionados con su tacto para el deporte. Raúl fue talentoso, con un futuro brillante como atleta, y aspiraba enseñar fútbol en los EEUU tras obtener un certificado para enseñar educación física en su país.

Pero no ha tenido esa oportunidad, y no sabe si podrá jamás realizar su sueño.

En agosto de 2018, tras presentarse a oficiales de inmigración en McAllen, Texas, Raúl fue inmediatamente transportado al Centro de Procesamiento del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) en Pine Prairie.

Los días se juntan lentamente en la prisión para inmigrantes, mientras Raúl y sus compañeros detenidos se aferran a la esperanza ‘invisible’ que un dia, seran liberados. El agua de la ducha y para beber es de color café, dijo Raúl. Cuando sus riñones comenzaron a doler, se quedó sin atención médica durante varios días. Su espíritu que una vez fue alegre ha caído en un estado de depresión.

“Lloro todo el día, cada día”, dijo. “Soy un prisionero deprimido. Nadie me entiende, excepto los otros cubanos.”

El 30 de noviembre de 2018, su solicitud de asilo fue negada. La celeridad de los procedimientos en la corte de inmigración no le permitió el tiempo suficiente para reunir sus documentos, y tampoco pudo conseguir representación. Durante la audiencia, el juez declaró, “Cuba ha cambiado, y nada malo lo esperaba.”

Raúl dijo que el juez no sabía nada de la dictadura estricta del país, y se sintió vencido tras la decisión. También dijo que dolió ver al juez descartar activamente los detalles de su caso.

“Hablamos, y no escuchan”, dijo. “Miran alrededor de la corte, hablando con otra gente, tomando café. No nos miran. No entienden lo que está pasando en Cuba. Son racistas que están en contra de nosotros”.

A Raúl también lo han puesto en cuarentena en la instalación debido a un “brote” de paperas y varicela. Esto ha enormemente afectado su acceso a abogados, a quienes se les niega la entrada a Pine Prairie cuando los hombres son confinados a sus dormitorios.

Pero la parte más triste de la detención de Raúl es que está separado de su familia, aunque no tuvo otra opción más que huir.

“Están preocupados de que sigo detenido”, dijo. “Quieren ayudar, pero no pueden”.

Ahora Raúl está apelando su caso. Simplemente no puede regresar a Cuba, dijo. Reza por la oportunidad de vivir una vida libre de miedo, y la oportunidad de alcanzar su meta de enseñar fútbol y estar reunido con su familia en los EEUU.

“Quiero hacer todo, pero no se si ese día vendrá”.

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