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Atrapados en el ‘infierno’: Solicitantes de asilo cubanos perecen en cárceles de inmigración de Luisiana

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Suicidio. Autolesion. Negligencia médica. Aislados en segregación. Puestos en cuarentena y dejados sin asesoría legal.

Más de 100 hombres cubanos que han sido olvidados en las prisiones de inmigración de Luisiana han enfrentado estas y otras privaciones ya desde 2017, cuando el Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) los encerró.

Los hombres, cuyas historias se relatan a continuación, han sufrido persecución severa en su país de origen antes de huir hacia los Estados Unidos. Todos ingresaron al país legalmente y están buscando asilo, tal como lo dicta el gobierno estadounidense. Se encontró que todos tienen un temor creíble de persecución o tortura en su país de origen por los oficiales de asilo que los evaluaron a su llegada. Ninguno ha cometido un crimen.

Sin embargo, encerrados contra su voluntad, efectivamente se les niega una oportunidad justa para asegurar su liberación.

“La cruel ironía es que la mayoría de los solicitantes de asilo que siguen la ley y se presentan en los puertos de entrada oficiales, no tienen el derecho de pedirle a un juez de inmigración su liberación de custodia,” dijo Laura Rivera, una abogada del SPLC. “Al contrario, su única avenida para su liberación es pedirle a la misma agencia que los detuvieron, el Departamento de Seguridad Nacional (DHS por sus siglas en inglés).”

Pero el DHS está ignorando su mandato de considerar detalladamente las solicitudes de liberación, y al contrario niega la libertad condicional sin justificación, dijo Rivera. A los hombres se les encierra escondidos del mundo exterior, encarcelados y castigados por defender sus derechos, y forzados a llevar sus casos ante jueces de inmigración que los niegan con indices de hasta el cien por ciento. Algunos han dicho que están siendo atacados “simplemente por ser cubanos”.

Para asegurar la liberación de los hombres, el SPLC y la Iniciativa para la Libertad de los Inmigrantes en el Sudeste (SIFI por sus siglas en inglés) - un proyecto del SPLC que provee asesoría legal gratuita a inmigrantes detenidos a en todo el sureste de los Estados Unidos - se han aliado con otros abogados pro bono y colegas de Servicios de Inmigración y Defensa Legal (ISLA por sus siglas en inglés). SIFI también se ha acercado a legisladores federales y se ha involucrado en proyectos de sensibilización pública.

En el verano de 2018, los hombres participaron en una huelga de hambre y protesta pacifica para demandar que ICE les proveyera información sobre sus casos. Las solicitudes fueron ignorados. Al contrario, fueron penalizados y fueron obligados a soportar el trato inhumano que ha llevado a que muchos sientan que se están volviendo locos.

La situación se vuelve peor cada día. Los hombres no entienden por qué los jueces están rechazando sus casos.

Los nombres de los hombres a continuación se han cambiado en algunos casos para proteger su identidad.

Como uno de ellos dijo, “En Luisiana pueden hacerte lo que se les da la gana.”

Lee sus historias desgarradoras a continuación.

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La historia de Yerandy

Yerandy, un diabetico tipo I, fue privado de atención médica durante ocho meses. Su azúcar en la sangre se disparó, su peso se desplomó, su vista deterioró y sus manos y pies se infectaron. Luego, fue arrojado al régimen de aislamiento.
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La historia de Rodrigo

Lo que más le molesta a Rodrigo no es el dolor crónico que sufre. No es el estar limitado a una silla de ruedas, dependiendo de otros detenidos para que le ayuden a bañarse, ni el hecho de que el único tratamiento diario que recibe son dos “píldoras misteriosas”. Es que siguió las reglas para llegar aquí.
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La historia de José Antonio

Cuando José Antonio llegó a la frontera de EEUU buscando asilo, vino con la esperanza de encontrar un trabajo que apoyara a su hija de 6 años con una enfermedad terminal. Hizo fila durante ocho días bajo el calor sofocante sin cama, baño, o comida. Aún así, no era tan miserable como lo es ahora.
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La historia de Brayan

Oficiales de la policía cubana irrumpieron en la casa de Brayan, lo empujaron al piso, lo golpearon en la cara con bastones, y lo arrojaron a la prisión por negarse a votar. Tres días después, murió su madre. Tras su liberación, huyó a la frontera sur - sólo para encontrar que su sufrimiento apenas había comenzado.
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La historia de Pedro

Puesto en lista negra y despedido de su trabajo, Pedro se vio forzado a vender arroz y frijoles en una bicicleta, y fue repetidamente hostigado y robado por la policía. Con una frontera entre él y su recién nacido, duerme en un cuarto con 70 otros detenidos, mientras llegan cada día más.
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La historia de Yasmany

Las creencias religiosas de Yasmany lo llevaron a choques con el gobierno cubano que incluyeron encarcelamiento y una paliza que lo dejó inconsciente. Su esposa, quien llegó hasta los EEUU con su hija de 5 años con enfermedad crónica, lo espera. Pero después de ocho meses en detención, está perdiendo la esperanza.
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La historia de Raúl

Raúl, un joven atleta prometedor, soñó una vez en ser entrenador de fútbol y enseñar en los EEUU. Es decir, hasta que fue arrastrado fuera del campo de fútbol y llevado a la cárcel por negarse a unirse al ejército cubano y alzarse en armas contra civiles. Después de todo, llegó a EEUU, pero como un refugiado en cautiverio.
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La historia de Adrián

Adrian huyó de Cuba como un técnico farmacéutico tachado de “contrarrevolucionario” por desafiar órdenes de retener medicamentos que un paciente necesitaba desesperadamente. Está luchando por su libertad condicional para reunirse con su novia y su hija recién nacida - a quien nunca ha conocido.